Ayuda espiritual
A los moribundos: cómo podemos ayudarlos espiritualmente
Salvar nuestra alma en el último momento, si buscamos y no encontramos un Sacerdote, compartir este escrito podemos salvar muchas almas, muchas almas que están agonizando y no encuentran un Sacerdote.

Es importante que el Sacerdote confiese al moribundo y le dé la Unción de Enfermos, ya que aparte de prepararle para dar el paso a la VIDA, el Señor en ocasiones les devuelve la vida.
Pero si no hay Sacerdote que lo pueda asistir hay un medio eficaz: para estos casos extremos. La Iglesia nos brinda un medio para salvar nuestra alma de la condenación en casos extremos, como por ejemplo accidentes o cuando estemos muy grave y no podemos acceder a un Sacerdote para confesarnos.
Por eso es muy importante que compartan este escrito, pues muchas personas no saben , que si están a punto de morir y no hay un Sacerdote que los pueda confesar, pueden hacer una “contrición perfecta” ( que se explica más abajo que es la contrición perfecta)
Lo que se explica es para casos de muerte inminente y que no encuentren un Sacerdote.
En primer lugar
En primer lugar SI EL MORIBUNDO ESTÁ CONSCIENTE , llamar a un Sacerdote para que le pueda administrar los sacramentos de la Confesión, la Unción y la Comunión. Para que den el paso a la Vida Eterna estando en gracia de Dios.
Si el moribundo ESTÁ CONSCIENTE, PERO NO ENCUENTRAN UN SACERDOTE QUE LE PUEDA ADMINISTRAR LOS SACRAMENTOS, PUEDE HACER UNA CONTRICCIÓN PERFECTA.”
Entre los actos del penitente, la contrición aparece en primer lugar. Es “un dolor del alma y una detestación del pecado cometido con la resolución de no volver a pecar”. (Catecismo de la Iglesia Católica nº 1.451).
Cuando brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas, la contrición se llama “contrición perfecta” (contrición de caridad). Semejante contrición perdona las faltas veniales; obtiene también el perdón de los pecados mortales si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramental. (Catecismo de la Iglesia Católica nº 1.542).
Acogerse a Su infinita misericordia con toda confianza.
En segundo lugar Rezar la Coronilla de la Divina Misericordia (la pueden encontrar en esta página web)
En tercer lugar, rezar a San José que es el Patrón de los Moribundos la siguiente oración:
¡Oh San José bendito, que en el momento de tu agonía tuviste la suerte de ser asistido por el Sacerdote Sumo, Jesucristo, y por la Reina de Misericordia, María Santísima!. Tú, que conoces la importancia de este temible momento en que se pasa del tiempo a la eternidad, compadécete y apiádate de los pobres moribundos, que están a punto de comparecer ante el tribunal divino. Protégelos, ¡oh eficaz abogado de la buena muerte! Por tu intercesión sean iluminados y movidos de sentimientos de amor de Dios y dolor de sus culpas; y en especial asiste a aquellos que no tienen sacerdote que les asista y a los que fallecen repentinamente, a fin de que, merced a tu generosa ayuda, tengan la dicha de mostrarte eternamente su generosidad en el cielo. Así sea.
Rezo del Santo Rosario a la Virgen.
La contrición
Entre los actos del penitente, la contrición aparece en primer lugar. Es “un dolor del alma y una detestación del pecado cometido con la resolución de no volver a pecar”. (Catecismo de la Iglesia Católica nº 1.451).
Cuando brota del amor de Dios amado sobre todas las cosas, la contrición se llama “contrición perfecta” (contrición de caridad). Semejante contrición perdona las faltas veniales; obtiene también el perdón de los pecados mortales si comprende la firme resolución de recurrir tan pronto sea posible a la confesión sacramental. (Catecismo de la Iglesia Católica nº 1.452).
La contrición llamada “imperfecta” (o “atrición”) es también un don de Dios, un impulso del Espíritu Santo. Nace de la consideración de la fealdad del pecado o del temor de la condenación eterna y de las demás penas con que es amenazado el pecador. Tal conmoción de la conciencia puede ser el comienzo de una evolución interior que culmina, bajo la acción de la gracia, en la absolución sacramental. Sin embargo, por sí misma la contrición imperfecta no alcanza el perdón de los pecados graves, pero dispones a obtenerlo en el sacramento de la Penitencia (Catecismo de la Iglesia Católica nº 1.453).